sábado, 26 de noviembre de 2011

CABALLEROS FAMOSOS.

La Edad Media hace tiempo que pasó, pero para la historia, han quedado muchos caballeros famosos por sus hazañas, por su valentía. Gonzalo nos ha presentado a uno de ellos, Don Quijote de la Mancha; un caballero de cuento (como él nos dijo para explicarnos que no existió realmente) al que le encantaba ponerse su armadura, coger su escudo y su lanza y montarse a lomos de su caballo Rocinante para disfrutar de muchas aventuras con su compañero fiel, Sancho Panza, su escudero. Estaba enamorado de Dulcinea del Toboso, una hermosa mujer. Le encantaba leer libros de caballeros, tanto, que comenzó a soñar despierto con todas aquellas aventuras. Como sería, que Gonzalo nos contó que una vez, don Quijote quiso luchar con unos molinos de viento, pensando que eran gigantes. La seño nos contó que el escritor del libro de Don Quijote fue Cervantes, pero lo que no sabemos es cómo se llamaba el burro de Sancho Panza. Así que si alguno de vosotros o vosotras nos puede ayudar....
Gracias a Gonzalo por contarnos tan bien su trabajo y transmitirnos su emoción al contarnos la historia de este peculiar personaje.

TALLER DE MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA.

Una de las cosas que queríamos aprender sobre la época Medieval, era cómo se arreglaban las princesas, qué peinados llevaban, qué maquillaje. Teníamos que darle respuesta a esa duda, y como siempre, contamos con todas las personas que nos rodean. Sabíamos que algunas madres se dedican al mundo de la estética y de la peluquería, en concreto, avisamos a Marisa, la madre de Patricia, y a Mª Carmen, la madre de Mª Carmen. Nos visitaron ayer y nos dejaron con la boca abierta desde el minuto 1. Trajeron música para ambientar el taller y comenzaron contándonos que en la Edad Media, había mucha diferencia de clases; los más ricos tenían recursos, así que en castillo las señoras y reinas podían tener perfumes, joyas y cuidarse el pelo. De hecho, les gustaba comprar pelo postizo para que los peinados les quedasen mejor y poder cambiar de aspecto cuando quisieran. Se preparaban maquillajes a base de productos naturales; para la cara, hacían una mezcla blanca a base de harina y otros ingredientes; para los ojos, hacían una mezcla con huevos de hormigas y moscas, y machacaban piedras de colores para las sombras, y también para los coloretes y los labios.
Sin embargo, las mujeres más pobres, las campesinas, vivían en el campo y siempre llevaban el pelo recogido para evitar que les entrasen bichitos. Algunas se ponían pañuelos y dejaban su pelo crecer para después, poder venderlo y ganar dinero. Se colocaban flores naturales que encontraban y apenas se maquillaban.
Había un término medio, que eran las doncellas, que cuidaban a las señoras y princesas y que también debían ir bien puestas, ya que siempre iban junto a ellas. Su arreglo era mucho menos ostentoso que el de sus señoras.
Después de contarnos la teoría, Mª Carmen y Marisa se pusieron manos a la obra, maquillando y peinando a algunas niñas. Pero para los niños también hubo; Marisa nos contó que cuando los caballeros luchaban, a veces salían heridos y que, como en nuestra clase jugábamos de mentira, ella podría hacernos una herida de mentira, de las que se hacen para las películas. Daniel se ofreció voluntario y después de un rato de trabajo, su brazo parecía malherido con un corte de lo más real. A José  C., Marisa le maquilló un ojo, como si le hubiesen dado un puñetazo; parecía haber salido de una lucha cuerpo a cuerpo.
Mª Carmen trajo también unas máscaras de papel para que las coloreasen todos los caballeros que quisieran, ya que cuando hacían bailes, algunas veces los caballeros se las colocaban. También trajo abanicos de papel para las princesas.
Cuando terminó el taller, era el momento de aplicar todo lo aprendido. Hicimos 3 rincones: uno de maquillaje, para todos los niños que quisieran maquillar o ser maquillados; otro, de peluquería, para todo el que quisiera peinar o que le peinasen; y otro de máscaras, para los que quisieran hacerse la suya. Cada niño eligió el rincón que quiso y todos lo pasamos genial.
Agradecemos desde aquí a Marisa y Mª Carmen su dedicación, no sólo este día sino también todos los que habrán dedicado para presentarnos un trabajo tan interesante.
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EL LÍQUIDO EN LOS ALIMENTOS.

Pequechef sigue trayendo experimentos de lo más interesantes; en esta semana, hemos conocido la importancia del agua en nuestro cuerpo y la necesidad de consumirla, bien bebiéndola, bien tomándola en alimentos que la contienen.
Hay algunos alimentos que tienen mucha agua, y esto se puede comprobar de dos formas:
   -Bien exprimiendo el alimento para que suelte su jugo.
   -Bien calentando el alimento para que su agua se transforme en vapor y el alimento pierda peso.
Presentamos varios alimentos para comprobar esto: naranjas, tomates, cacahuetes y avellanas. Primero, pensamos cuáles tendrían agua y por qué; les fue fácil deducir que las naranjas y los tomates sí tienen agua y los cacahuetes y las avellanas no. De hecho, Daniel nos dijo que éstos últimos no tenían agua porque eran frutos secos.
Una vez hechas las hipótesis, lo comprobamos:
-Exprimimos una naranja con un exprimidor de mano y machacamos unos cacahuetes con un mortero. La naranja soltó zumo, los cacahuetes no.


   -Pesamos un tomate para ver cuánto pesaba, lo metimos en un microondas un minuto y medio colocado en un recipiente con tapadera. Al sacarlo, el tomate pesaba menos y la tapadera estaba llena de gotitas de vapor de agua. El tomate había perdido su agua.



   -Hicimos lo mismo con un puñado de avellanas; al sacarlos del microondas, su aspecto era el mismo, pesaban lo mismo y la tapadera no tenía gotitas. Las avellanas no tenían a penas agua.





CUMPLEAÑOS DE JAVIER.

Esta semana, hemos tenido el cumpleaños de nuestro compañero Javier. Nos trajo una tarta riquísima y un paquetito de chuches para cada uno que seguro que todos disfrutamos por la tarde en casita. Gracias a Javier y su familia. ¡Felicidades!

EL ESCUDERO, AYUDANTE DEL CABALLERO.

Mª Carmen nos ha traído su trabajo sobre el ayudante del caballero, un personaje más desconocido, pero igual de importante. Nos presentó un trabajo con dibujos con el que nos contó que cuando aún es niño, el escudero se va con el señor para aprender. Tiene que cuidar el caballo del caballero, tenerle listas sus armas para la batalla, y acompañarle en todas sus luchas, por lo que también tiene que aprender a luchar usando el arco o la espada. Pasado un tiempo, cuando era mayor y había aprendido todo lo necesario, el escudero se convertía en caballero a través de una ceremonia que pronto conoceremos.
Además, Mª Carmen también nos ha dejado unos días,  un libro sobre la Edad Media que ha conseguido en la biblioteca, y nos trajo un disfraz de escudero que decidió ponerle a Gonzalo.
Gracias a Mª Carmen y a su familia por el trabajo tan bien hecho del que todos nos hemos aprovechado.


LAS BOCAS DE DRAGÓN.

Dejamos a Ana y Andrés, los muñecos de nuestro cuento, montados a lomos del camello; al seguir leyendo, nos enteramos de que Ana pidió al camello que parase, que estaba escuchando llorar a una niña. Nos preguntamos por qué lloraría:
·         Laura: yo creo que llora la muñeca, porque estará en casa del hombre malo, atada con una cuerda.
·         Mª José: no, llora una niña porque el hombre entró en su casa y la dejó fuera.
·         Seño: pensad en por qué cosas lloráis vosotros.
·         Laura: a lo mejor la niña se ha caído.
·         Jorge: a lo mejor le ha pegado el ladrón.
·         Francisco: o alguien le ha quitado un juguete.
·         Raúl: o su juguete se le ha caído a la basura.
·         Daniel: pues que lo coja.
·         Pepa: la basura tiene caca, se va a manchar.
·         Daniel: pues que lo coja antes de que alguien tire caca. A lo mejor todavía nadie ha tirado nada.
·         Mª José: a lo mejor tiene sueño y le han quitado su cama.
·         Sara: o un niño le ha tirado de los pelos.
·         Natalia: a lo mejor alguien la ha tirado a la papelera y como es muy “chica”, no puede salir y nadie le ayuda.
·         Patricia: o se ha quemado la lengua.
Al seguir leyendo, vimos que cuando Ana y Andrés quisieron acercarse para ver qué le pasaba, la niña les pidió que no lo hiciesen, o las bocas de dragón les atraparían. Ni Andrés ni Ana le hicieron caso, eran niños valientes que no temían a nada, así que se pusieron a su lado.
¿Bocas de dragón? ¿Cómo sería la boca de un dragón?:
·         Jorge: la boca de un dragón es grande, con dientes largos y echa fuego.
·         Laura: es grandísima, tiene lengua y dientes grandes, muchos, 40.
·         Francisco: en un cuento vi la boca de un dragón, es grande grande grande grande, con dientes largos como la cola, tiene 16.
·         Gonzalo: la boca es grande, en la cola tiene pinchos y tiene 100 dientes.
·         Sara: no, tiene 57 dientes, grandes y no pinchan.
·         Laura: sí pinchan.
·         Daniel: en la boca tiene dientes larguísimos, tiene 80.
Para poder comprobarlo, la seño nos enseñó una boca de dragón hecha de cartulina, pero sin dientes. Nosotros íbamos a tener que ponérselos usando palillos de los dientes, que eran bastante parecidos a como pensábamos que eran los dientes de los dragones. Pero antes de colocarlos, fuimos pensando cuántos dientes creíamos que tendría un dragón:
·        Natalia: mil 
·         Francisco: 60.
·         Laura: 2040 
·         Javier: 500 
·         Daniel: 80
·         Gonzalo: 100 
·         Francisco: 104 
·         Mª José: 11
·         Jorge: 26 
·         Pepa: ciento mil 
·         Sara: 50.
Después de tantas ideas, ahora tocaba comprobarlo. Necesitábamos pegamento, pero antes, había que pensar cómo colocar los dientes. Laura propuso poner arriba y abajo, como los teníamos nosotros, y además, dijo que tenía los mismos arriba que abajo.  A todos nos parecieron bien sus ideas, así que las acatamos; pero, ¿cómo pegar los mismos palillos arriba y abajo? Laura propuso pegar uno arriba, uno abajo, uno arriba, uno abajo,...
CComenzamos entonces a pegar palillos, siguiendo el truco de Laura.

Pero pronto, nos dimos cuenta de que algunos niños se debían haber olvidado el truco, porque cuando hicimos recuento, había dos cantidades diferentes arriba y abajo. Francisco dijo que porque la boca por abajo era más pequeña que por arriba. Decidimos igualar ambas cantidades y empezamos a pegar palillos abajo.
Seguimos pegando y pasado un ratito, decidimos que ya había suficientes palillos; entonces, volvimos a contar para ver si había los mismos palillos arriba y abajo. Nos habíamos vuelto a olvidar del truco, así que otra vez hubo que igualar la cantidad más pequeña con la grande.
Al igualarlas, ya teníamos lista la boca de nuestro dragón. Nos había quedado con 30 dientes arriba y 30 dientes abajo. Pero, ¿eso cuánto era? Todavía estamos en ello, intentando descubrirlo sin contar todos los dientes. Además, ahora tendremos que ver qué cifra de todas las que estimamos, se acercó más a los dientes que le han cabido al final.





LA OXIDACIÓN DE LA FRUTA.

Seguimos con nuestro experimento semanal; ahora, nos ha tocado reconocer otro proceso que se desarrolla en algunos alimentos, y que se llama Oxidación. Al comprobar qué sucedía en una manzana cuando la partíamos y esperábamos un rato, vimos que ésta se oscurecía, eso era producto de la oxidación. Como no sabíamos qué significaba ese término, Francisco nos dijo que mirásemos en el diccionario; después de leer su definición, llegamos al acuerdo de que era lo que le pasaba a algunos alimentos cuando entraban en contacto con el oxígeno. Daniel ya nos habló un día del oxígeno, así que le preguntamos a él qué era eso; nos contó que era el aire que respiramos y que era invisible. Pues bien, cuando algunas frutas entre en contacto con el oxígeno del aire, crean una capa oscura a modo de defensa para que no entre ningún tipo de bichito en la manzana. De hecho, si le quitamos esa capa a la manzana, vemos que por debajo, la manzana sigue perfecta. Nosotros también tenemos un mecanismo de defensa para que no se nos metan bichitos en el organismo, los pelitos de la nariz.
Cuando veamos por tanto, una fruta un poco oscurecida, ya sabremos por qué es, y también sabremos que podemos comérnosla porque gracias a esa capa, no ha entrado ningún bichito. Pero nos empeñamos en averiguar si había alguna manera de conseguir que la fruta se oxide más lentamente. Los niños y niñas dieron muy buenas ideas y probamos cada una de ellas para ver si estábamos en lo cierto y conseguíamos nuestro propósito:

·         Pepa: meterla en una bolsa y hacerle un nudo (y lo hicimos)
·         Daniel: Ponerla en un plato y ponerle otro encima (lo hicimos)
·         Sara: meterla en una caja con tapadera (y lo hicimos)
·         Jorge: con una tela (y lo hicimos)
·         Laura: guardarla en una servilleta y liarla bien (lo hicimos)
Después, la seño también nos dio algunas ideas para que las comprobásemos; cogimos 4 trozos de manzana y pusimos cada uno en un plato. Al primer trozo, no le hicimos nada; al segundo, le pusimos zumo de limón; al tercero, lo recubrimos con plástico; y al cuarto, lo cubrimos con hielo. Esperamos un rato y después comprobamos todas las opciones para ver qué manzana estaba más blanca:
   -La manzana 1 se había oxidado mucho.
   -La manzana 2 no se había oxidado.
   -La manzana 3 se había oxidado.
   -La manzana 4 se había oxidado muy poquito.
Por tanto, la mejor manera de conservar la manzana había sido el zumo de limón. Esto se debe a que el zumo de limón se oxida más rápido que la manzana, creando en ella una película que la protege del oxígeno.
Comprobamos también las opciones de los niños y niñas, y vimos que todas las manzana se habían oxidado. Nos costó entender por dónde se había metido el oxígeno, si las habíamos protegido lo mejor posible.
Pues bien, como el zumo del limón y también de la naranja protegen a la fruta para que no se oxide, hicimos una macedonia para la que partimos varias frutas en trocitos y las echamos en zumo de naranja para que no se estropeasen. Al final de la mañana, vimos que la fruta seguía perfecta gracias al zumo y pudimos degustar la macedonia. Rica, rica.


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miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿CÓMO Y POR QUÉ LUCHAN LOS CABALLEROS?

De las cosas que más nos sorprenden de los caballeros, es por qué luchan. Nosotros sabemos que las peleas no son buenas nunca, y no entendíamos por qué en la Edad Media arreglaban sus problemas con guerras.
Para aclarar nuestras dudas, Francisco y Moisés buscaron información en su casa; a través de una presentación a ordenador por parte de Francisco y un trabajo en forma de libro por parte de Moisés, descubrimos que los caballeros luchan para quedarse con las tierras y los castillos de otros señores. Utilizan infinidad de armas, pero la que más nos sorprendió fue la catapulta, con la que lanzaban bolas de fuego o piedras para destruir el castillo enemigo. Pero no siempre luchaban de verdad; a veces, lo hacían como nosotros y nosotras, de mentira, en los torneos, en los que los caballeros hacían como que luchaban para entretener a los señores y a los reyes.
Ahora ya parece que entendemos un poco más las luchas de los caballeros, pero las comprendemos en aquella época; seguimos prefiriendo las de mentira, como las de nuestro castillo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

CABALLEROS CON CABALLOS.

De entre todas las dudas que teníamos acerca de los caballeros, una que quedó clara en nuestra clase desde el principio, estuvo relacionada con los caballos que montaban los caballeros. Sabíamos cosas de este animal, pero no teníamos muy claro cómo se cuidaba, cómo se montaba y cómo se conseguía domar. El viernes pasado tuvimos la suerte de ser invitados e invitadas a la cuadra de Joaquín, un vecino de Brenes con el que pudimos contactar a través de Eva, la madre de Francisco. Allí, pudimos ver de cerca numerosos caballos, una yegua y una pareja de mulos. Joaquín, Juan y Manolo nos hablaron de estos animales, nos contaron muchas cosas; nos enseñaron cómo ponerles las herraduras, cómo domarlos, como ensillarlos y cómo montarlos. De hecho, Joaquín y su acompañante, nuestra compañera Mª José, nos hicieron una demostración de la actitud que hay que tomar encima de un caballo, erguida y sin miedo. Ya al final, pudimos hacer a Joaquín una serie de preguntas sobre aquellas cuestiones que nos interesaban y que no nos habían quedado del todo claras.
Todos se portaron muy bien con nosotros y nosotras; aprendimos cosas, nos lo pasamos muy bien y nos quedamos con ganas de más, así que desde aquí, damos las gracias a Joaquín, a Juan, a Manolo, a todos los que estaban por allí, y en especial, a Antonia, la abuela de Francisco, que se ofreció para ir con nosotros, ayudándonos en todo momento y teniendo una paciencia inagotable. ¡Gracias a todos!
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ROPA DE CABALLEROS.

De entre todos los habitantes del castillo medieval, el que más nos llama la atención desde el principio ha sido el caballero medieval. Por eso, estamos profundizando más en su figura, y en estos días, José P. nos contó cuál era su vestimenta. José trajo un libro donde, con ayuda de los dibujos, nos explicó la importancia de la armadura para las batallas. Entre todos, pensamos de qué podría estar hecha; sería algo duro para que no le pudieran herir: piedra, madera, ladrillo,... Pero viendo fotos, vimos que era algo brillante y liso. Alguien habló de hierro y en efecto, estaba hecha de un metal, el acero. Aunque si era tan dura, andarían como un robot; para no hacerlo, tenían la armadura por partes, de manera que las articulaciones estaban libres.
En algunas fotos del libro de José, vimos que también le ponían armadura al caballo para que no le hiriesen.
Pero, ¿y cuando el caballero estaba en el castillo? ¿también llevaría la armadura? No, iba con otro tipo de vestimenta más cómoda, más holgada. Echamos mano del baúl de nuestro castillo y pudimos diferenciar entre los dos tipos de vestimenta. No tenemos armaduras reales, pero para ello, tenemos alguna ropa de color gris que imita el acero.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL CARACOL POL

En el último cuento de la mariquita Juanita, nuestra amiga se encontraba con un caracol llamado Pol, que le ayudaba a protegerse de la lluvia con su concha y que le regalaba una mochila para que nunca más tuviese miedo de la lluvia y tuviese un lugar para guarecerse. Hablamos entonces de qué pasaría si nosotros como la mariquita, no tuviésemos casa:

·         Laura: si llueve, nos mojaríamos y nos resfriaríamos.
·         María: también se mojarían nuestros perros y nuestras macetas, pero no pasa nada porque las macetas necesitan agua de lluvia para vivir.
·         Francisco: los perros no se mojarían porque tienen su caseta.
·         Seño: pensad en nuestros juguetes, los tenemos en casa.
·         Daniel: no podríamos tener juguetes porque no tendríamos dónde guardarlos.
·         Seño: pensad ahora en la ropa.
·         Natalia: no podríamos tener ropa porque no la podríamos guardar. Siempre iríamos con la misma.
·         Seño: ¿y qué pasaría con la comida?
·         Mª Carmen: en mi casa hay comida en el frigorífico. Pero si no tuviésemos de eso, no podríamos comer.
gunas personas se quedan sin casa, como Juanita, por culpa de desastres naturales como un terremoto. Vimos algunas imágenes del que ocurrió en Lorca. 
Tras ver el vídeo, comenzamos a pensar cómo podríamos ayudarles:
·         Moisés: arreglando con tornillos y martillo las casas.
·         Javier: arreglando los coches con martillo también.
·         Laura: podemos llamar a tu padre seño, que es mecánico, y si no tiene nada que hacer, que venga.
·         Pepa: también tenemos que arreglar una fuente que yo he visto que se había caído.
·         Seño: ¿y qué hacen esas personas mientras nosotros arreglamos sus casas, sus parques, sus colegios?
·         Daniel: que se vayan a una casa que esté vacía.
·         Francisco: podemos entrar haciendo una llave de material.
·         Laura: o la podemos comprar.
·         Seño: ¿las llaves se pueden comprar? ¿yo puedo ir a una tienda y pedir una llave de tu casa, Laura?
·         Laura: de mi casa no, pero sí de las casas que estén vacías.
·         María: le podemos pedir la llave a la familia que vivía antes allí.
·         Francisco: pero si se la pedimos, ellos no pueden abrir la puerta.
·         María: bueno, la usamos y luego la devolvemos.
·         Seño: ¿vosotros tenéis casa?
·         Daniel: sí, que se vengan a nuestra casa mientras les arreglan sus casas.
María: y a nuestro cole.
Y como ya era el último cuento de Juanita, decidimos inventar un final aún más bonito:
·         Amalia: podrían terminar todos juntos.
·         Jorge: que subieran al arco iris por una escalera.
·         Gonzalo: y que se tirasen por él como por una resbaleta.
·         Daniel: y se agarrarían de la mano y cantarían la canción del “Patio de mi casa”.
·         Laura: y que se fueran todos juntos al parque.
·         Raúl: y jugaran a la pelota.
·         Sara: y se montaran en los columpios.
·         Patricia: y jugarían con las palas.
·         Daniel: no pueden porque no tienen manos.
·         Francisco: pues con las patas.
·         Mª José: y se darían un abrazo y un beso.
Y para concluir, planteamos el construir un caracol, uno por grupo, con la ayuda de algunas madres voluntarias. Preparamos la lista con los materiales que queríamos utilizar y ellas se encargaron de prepararlos. Vinieron a clase ayer y nos ayudaron a construir a Julio, Kiko, Chocolatino y Brillantino. Mirad, auténticas obras de arte.


Al
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martes, 15 de noviembre de 2011

UN MUNDO SONORO.

En la lectura de esta semana de los muñecos Ana y Andrés, el camello les contaba que tenía las patas muy arrugadas porque la mamá del niño con el que jugaba, le quitó unos palitos que llevaba y que podían ser peligroso. Cuando los llevaba, su sonido era "pom, pom"; ese sonido nos recordaba a algo:

·         Mª José: cuando llamamos a la puerta.
·         Laura: cuando tocamos un tambor.
·         Raúl: cuando un hombre se pone unos zapatones.
·         Sara: un trompeta.
·         Seño: ¿una trompeta suena así?
·         Todos: noooo.
·         Daniel: un zapato gigante.
·         Laura: un cohete.
·         Gonzalo: sí, los cohetes artificiales.
·         Mª Carmen: el paso de Semana Santa.
·         María: una pieza de las construcciones que se cae al suelo.
·         Amalia: un tobogán cuando le doy un golpe.
·         Moisés: los globos cuando explotan.
·         Gonzalo: cuando le das un golpe a la piñata.
·         Sara: una pelota cuando bota.
El camello les habló de un hombre cuya descripción coincidía con la del hombre al que buscaban Ana y Andrés. Les dijo que podía ayudarles, que se montaran en su lomo que él les llevaría a su encuentro. 
Hablamos de aquel sonido que hacía el camello al caminar, y nos dimos cuenta de que nosotros también podemos hacer sonido con nuestro cuerpo:


Y no sólo nosotros; cualquier cosa a nuestro alrededor, produce sonido. Estuvimos un ratito en silencio, y pudimos escuchar los coches por la calle, los niños de otras clases; para comprobar esto, elegimos varios objetos y comenzamos a hacer sonidos con ellos, a ver si sin mirar, éramos capaces de reconocerlos. Fue todo un éxito, acertamos todo; "claro, para eso tenemos orejas y cerebro para pensar". Sin palabras.





HABITANTES DEL CASTILLO MEDIEVAL.

Ahora que conocemos ya cómo son los castillos por dentro, sentíamos mucha curiosidad por saber quiénes vivían en ellos. Teníamos ideas, pero gracias a Pepa y a Lucía pudimos descubrir nuevos personajes de los que, hasta ahora nadie nos había hablado. Pepa trajo un mural y Lucía un libro; nos hablaron de reyes, señores, princesas, caballeros. Pero también de monjes, criados, bufones y escribanos, a los que hasta ahora no conocíamos. Además, fijándonos en las fotos que traían sus trabajos, nos dimos cuenta de algunas cosas que nos llamaron la atención. En una de esas fotos, aparecían niños, así que respondimos a nuestra duda sobre si en la Edad Media vivieron niños y niñas. En otra foto, vimos como el rey impartía justicia a los que no cumplían las normas y cómo le estaba haciendo con una espada a un caballero, situado frente a él de rodillas. Siguen surgiendo dudas, habrá que buscar respuesta.

¿SÓLO CON LA BOCA?

Hasta ahora, con los experimentos que llevamos, hemos descubierto que gracias al gusto que tenemos situado en nuestra lengua, somos capaces de descubrir lo que comemos. Pero, ¿no hay otra manera de hacerlo? ¿no podemos descubrir los alimentos a través de otra parte de nuestro cuerpo?
·      -Daniel: con el cerebro, porque piensa.
·          - Francisco: con el corazón, que lo tenemos aquí.
Aclarada la función de ambos órganos, seguimos pensando; ¿qué pasa cuando llegamos a casa después del cole y abrimos la puerta de la cocina? Somos capaces de saber lo que vamos a comer mucho antes de verlo o de probarlo. En efecto, llegamos a la conclusión de que con la nariz también reconocemos alimentos. Para darnos cuenta de aquello, hicimos un taller de olfato en el que teníamos que descubrir qué alimentos estaban en la mesa sin probarlos.





Nos es fácil reconocer los alimentos por el olfato, ya que éste nos permite reconocer olores cuando cogemos a través de nuestra nariz una buena cantidad de moléculas olorosas de las que desprende el alimento. 
Uno de los alimentos que más fácil se reconoce por el olfato es la naranja, lo comprobamos.
Sin embargo, olimos otra naranja, esta vez congelada, y comparamos los olores.
La naranja congelada casi no olía; lo comprobamos sentados en los grupos, comparando una naranja a temperatura ambiente con una congelada.


La explicación científica nos dice que en ambas naranjas hay moléculas, pero en la naranja a temperatura ambiente, éstas se mueven muy rápido, escapándose alguna al aire y pudiendo ser olidas. Sin embargo, en la naranja congelada, las moléculas se mueven muy lentamente y ninguna se escapa al aire, por lo que casi no podemos olerla.
Mirad cómo nuestros niños y niñas imitan el movimiento de las moléculas.






CUESTIÓN DE PESO.

Seguimos con la lectura de nuestro nuevo cuento de "Las aventuras de los muñecos Ana y Andrés" y en el día anterior, dejamos a nuestros muñecos pensando cómo seguir al hombre que había robado a la muñeca francesa. Cual fue su sorpresa, cuando en ese instante apareció frente a ellos un hada que les llevó a casa de la abuela araña, que les ayudaría tejiendo un globo con el que pudieran salir volando y perseguir así a aquel hombre. Antes de seguir, nos dimos cuenta de que no teníamos muy claro por qué aquella araña sería abuela, así que reflexionamos sobre ello:


·         Daniel: porque es fea y negra.
·         Gonzalo: será como la araña que hay en esa foto de ahí (teníamos la foto de una araña por una actividad de la mariquita Juanita)
·         María: vieja, porque las abuelas son viejas.
·         Laura: y guapa, mi abuela es guapa.
·         Amalia: llevará un bastón.
·         Jorge: o una muleta.
·         Francisco: vivirá en una tela de araña, porque es una araña.
·         Jorge: y tendrá gafas.
·         María: y también hijos.
·         Mª José: y un novio.
·         Jorge: y una tele en su casa.
·         María: y un mando.
·         Laura: y un vestido bonito.
·         Jorge: sólo uno.
·         Laura: no, mi abuela tiene muchos.
Seguimos leyendo y pudimos ver cómo era aquella abuela araña; al saber ya cómo era, decidimos ponerle un nombre; primero, cada uno dijo que quería llamarla como su abuelita, pero pensamos en un nombre más original:  Manolita.
Siguiendo con la lectura, los muñecos se agarraron al globo tejido por la abuela araña y salieron volando, como si flotaran en el aire, hasta que su viaje terminó y cayeron al lado de un árbol. Entonces, escucharon un ruido "¡ja!". ¿Qué sería aquello?
·         Laura: una bruja, porque siempre dan voces.
·         Jorge: un hada mala porque le gusta gritar.
·         María: un hombre, que quiere asustarlos.
·         Gonzalo: un pirata, porque tiene esa voz.
·         Amalia: una abuela araña porque también tiene esa voz.
·         Raúl: un monstruo porque quiere comérselos.
·         Daniel: un árbol, que puede hablar porque tiene la cara completa.
Leyendo descubrimos que se trataba de un camello de trapo que se sentó junto a ellos.
Ahora tocaba centrarse en la idea de que los muñecos consiguieron salir volando con un globo. Todos soñábamos con que eso pudiese hacerse realidad, y todos pudiésemos salir volando. Nos fuimos a la clase de la seño Carmen, y allí, con sus niños y niñas, descubrimos un globo parecido a aquel del cuento, con un cordel al que podríamos atarnos para volar. Primero, se ató la seño Carmen, pero pesaba demasiado, así que se ató la seño Leo. Seguía siendo pesada, así que atamos a Manuel, hermano de Natalia, que tampoco salió volando. Fuimos a la clase de 3 años y elegimos una niña pequeña para atarla, Ruth, que tampoco voló. Comenzó entonces un aluvión de ideas y propuestas que fuimos probando, siempre buscando algo que pesase poco y que al atarlo al globo saliese volando. Por fin, lo conseguimos; uno de los números de madera que tiene la seño Carmen en su asamblea pesaba tan poco que salió volando, igual que los muñecos Ana y Andrés.



    
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Al día siguiente, en nuestra clase, fuimos probando con otros objetos para ver si pesaban tan poco que volaban con aquel globo. Y nos hizo tanta ilusión que aquello sucediese, que decidimos inflar otro globo para hacer lo mismo. Cogimos uno que teníamos en clase de algún cumpleaños, lo inflamos con la boca y le pusimos un cordel. Le atamos algo que pesaba muy poco, un cachito de papel; pero aquello no volaba, ni siquiera el globo solo volaba. Se caía al suelo y de ahí no se movía; ¿qué está pasando? Un globo que siempre tiende a subir y otro que tiende a bajar. ¿Podéis ayudarnos?

VISITAMOS A LOS MAYORES.

Hace unos días, los niños y niñas mayores de nuestro colegio celebraron la fiesta del otoño. Las familias trajeron un montón de comida típica de esta época del año y tuvieron la gentileza de invitarnos. Pudimos probar unos bizcochos deliciosos, un zumo recién exprimido y frutos propios del otoño. Desde aquí, damos las gracias a todos, lo pasamos muy bien.