lunes, 21 de noviembre de 2011

CABALLEROS CON CABALLOS.

De entre todas las dudas que teníamos acerca de los caballeros, una que quedó clara en nuestra clase desde el principio, estuvo relacionada con los caballos que montaban los caballeros. Sabíamos cosas de este animal, pero no teníamos muy claro cómo se cuidaba, cómo se montaba y cómo se conseguía domar. El viernes pasado tuvimos la suerte de ser invitados e invitadas a la cuadra de Joaquín, un vecino de Brenes con el que pudimos contactar a través de Eva, la madre de Francisco. Allí, pudimos ver de cerca numerosos caballos, una yegua y una pareja de mulos. Joaquín, Juan y Manolo nos hablaron de estos animales, nos contaron muchas cosas; nos enseñaron cómo ponerles las herraduras, cómo domarlos, como ensillarlos y cómo montarlos. De hecho, Joaquín y su acompañante, nuestra compañera Mª José, nos hicieron una demostración de la actitud que hay que tomar encima de un caballo, erguida y sin miedo. Ya al final, pudimos hacer a Joaquín una serie de preguntas sobre aquellas cuestiones que nos interesaban y que no nos habían quedado del todo claras.
Todos se portaron muy bien con nosotros y nosotras; aprendimos cosas, nos lo pasamos muy bien y nos quedamos con ganas de más, así que desde aquí, damos las gracias a Joaquín, a Juan, a Manolo, a todos los que estaban por allí, y en especial, a Antonia, la abuela de Francisco, que se ofreció para ir con nosotros, ayudándonos en todo momento y teniendo una paciencia inagotable. ¡Gracias a todos!
APRENDIENDO DE CABALLOS. on PhotoPeach

ROPA DE CABALLEROS.

De entre todos los habitantes del castillo medieval, el que más nos llama la atención desde el principio ha sido el caballero medieval. Por eso, estamos profundizando más en su figura, y en estos días, José P. nos contó cuál era su vestimenta. José trajo un libro donde, con ayuda de los dibujos, nos explicó la importancia de la armadura para las batallas. Entre todos, pensamos de qué podría estar hecha; sería algo duro para que no le pudieran herir: piedra, madera, ladrillo,... Pero viendo fotos, vimos que era algo brillante y liso. Alguien habló de hierro y en efecto, estaba hecha de un metal, el acero. Aunque si era tan dura, andarían como un robot; para no hacerlo, tenían la armadura por partes, de manera que las articulaciones estaban libres.
En algunas fotos del libro de José, vimos que también le ponían armadura al caballo para que no le hiriesen.
Pero, ¿y cuando el caballero estaba en el castillo? ¿también llevaría la armadura? No, iba con otro tipo de vestimenta más cómoda, más holgada. Echamos mano del baúl de nuestro castillo y pudimos diferenciar entre los dos tipos de vestimenta. No tenemos armaduras reales, pero para ello, tenemos alguna ropa de color gris que imita el acero.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL CARACOL POL

En el último cuento de la mariquita Juanita, nuestra amiga se encontraba con un caracol llamado Pol, que le ayudaba a protegerse de la lluvia con su concha y que le regalaba una mochila para que nunca más tuviese miedo de la lluvia y tuviese un lugar para guarecerse. Hablamos entonces de qué pasaría si nosotros como la mariquita, no tuviésemos casa:

·         Laura: si llueve, nos mojaríamos y nos resfriaríamos.
·         María: también se mojarían nuestros perros y nuestras macetas, pero no pasa nada porque las macetas necesitan agua de lluvia para vivir.
·         Francisco: los perros no se mojarían porque tienen su caseta.
·         Seño: pensad en nuestros juguetes, los tenemos en casa.
·         Daniel: no podríamos tener juguetes porque no tendríamos dónde guardarlos.
·         Seño: pensad ahora en la ropa.
·         Natalia: no podríamos tener ropa porque no la podríamos guardar. Siempre iríamos con la misma.
·         Seño: ¿y qué pasaría con la comida?
·         Mª Carmen: en mi casa hay comida en el frigorífico. Pero si no tuviésemos de eso, no podríamos comer.
gunas personas se quedan sin casa, como Juanita, por culpa de desastres naturales como un terremoto. Vimos algunas imágenes del que ocurrió en Lorca. 
Tras ver el vídeo, comenzamos a pensar cómo podríamos ayudarles:
·         Moisés: arreglando con tornillos y martillo las casas.
·         Javier: arreglando los coches con martillo también.
·         Laura: podemos llamar a tu padre seño, que es mecánico, y si no tiene nada que hacer, que venga.
·         Pepa: también tenemos que arreglar una fuente que yo he visto que se había caído.
·         Seño: ¿y qué hacen esas personas mientras nosotros arreglamos sus casas, sus parques, sus colegios?
·         Daniel: que se vayan a una casa que esté vacía.
·         Francisco: podemos entrar haciendo una llave de material.
·         Laura: o la podemos comprar.
·         Seño: ¿las llaves se pueden comprar? ¿yo puedo ir a una tienda y pedir una llave de tu casa, Laura?
·         Laura: de mi casa no, pero sí de las casas que estén vacías.
·         María: le podemos pedir la llave a la familia que vivía antes allí.
·         Francisco: pero si se la pedimos, ellos no pueden abrir la puerta.
·         María: bueno, la usamos y luego la devolvemos.
·         Seño: ¿vosotros tenéis casa?
·         Daniel: sí, que se vengan a nuestra casa mientras les arreglan sus casas.
María: y a nuestro cole.
Y como ya era el último cuento de Juanita, decidimos inventar un final aún más bonito:
·         Amalia: podrían terminar todos juntos.
·         Jorge: que subieran al arco iris por una escalera.
·         Gonzalo: y que se tirasen por él como por una resbaleta.
·         Daniel: y se agarrarían de la mano y cantarían la canción del “Patio de mi casa”.
·         Laura: y que se fueran todos juntos al parque.
·         Raúl: y jugaran a la pelota.
·         Sara: y se montaran en los columpios.
·         Patricia: y jugarían con las palas.
·         Daniel: no pueden porque no tienen manos.
·         Francisco: pues con las patas.
·         Mª José: y se darían un abrazo y un beso.
Y para concluir, planteamos el construir un caracol, uno por grupo, con la ayuda de algunas madres voluntarias. Preparamos la lista con los materiales que queríamos utilizar y ellas se encargaron de prepararlos. Vinieron a clase ayer y nos ayudaron a construir a Julio, Kiko, Chocolatino y Brillantino. Mirad, auténticas obras de arte.


Al
POL EL CARACOL on PhotoPeach

martes, 15 de noviembre de 2011

UN MUNDO SONORO.

En la lectura de esta semana de los muñecos Ana y Andrés, el camello les contaba que tenía las patas muy arrugadas porque la mamá del niño con el que jugaba, le quitó unos palitos que llevaba y que podían ser peligroso. Cuando los llevaba, su sonido era "pom, pom"; ese sonido nos recordaba a algo:

·         Mª José: cuando llamamos a la puerta.
·         Laura: cuando tocamos un tambor.
·         Raúl: cuando un hombre se pone unos zapatones.
·         Sara: un trompeta.
·         Seño: ¿una trompeta suena así?
·         Todos: noooo.
·         Daniel: un zapato gigante.
·         Laura: un cohete.
·         Gonzalo: sí, los cohetes artificiales.
·         Mª Carmen: el paso de Semana Santa.
·         María: una pieza de las construcciones que se cae al suelo.
·         Amalia: un tobogán cuando le doy un golpe.
·         Moisés: los globos cuando explotan.
·         Gonzalo: cuando le das un golpe a la piñata.
·         Sara: una pelota cuando bota.
El camello les habló de un hombre cuya descripción coincidía con la del hombre al que buscaban Ana y Andrés. Les dijo que podía ayudarles, que se montaran en su lomo que él les llevaría a su encuentro. 
Hablamos de aquel sonido que hacía el camello al caminar, y nos dimos cuenta de que nosotros también podemos hacer sonido con nuestro cuerpo:


Y no sólo nosotros; cualquier cosa a nuestro alrededor, produce sonido. Estuvimos un ratito en silencio, y pudimos escuchar los coches por la calle, los niños de otras clases; para comprobar esto, elegimos varios objetos y comenzamos a hacer sonidos con ellos, a ver si sin mirar, éramos capaces de reconocerlos. Fue todo un éxito, acertamos todo; "claro, para eso tenemos orejas y cerebro para pensar". Sin palabras.





HABITANTES DEL CASTILLO MEDIEVAL.

Ahora que conocemos ya cómo son los castillos por dentro, sentíamos mucha curiosidad por saber quiénes vivían en ellos. Teníamos ideas, pero gracias a Pepa y a Lucía pudimos descubrir nuevos personajes de los que, hasta ahora nadie nos había hablado. Pepa trajo un mural y Lucía un libro; nos hablaron de reyes, señores, princesas, caballeros. Pero también de monjes, criados, bufones y escribanos, a los que hasta ahora no conocíamos. Además, fijándonos en las fotos que traían sus trabajos, nos dimos cuenta de algunas cosas que nos llamaron la atención. En una de esas fotos, aparecían niños, así que respondimos a nuestra duda sobre si en la Edad Media vivieron niños y niñas. En otra foto, vimos como el rey impartía justicia a los que no cumplían las normas y cómo le estaba haciendo con una espada a un caballero, situado frente a él de rodillas. Siguen surgiendo dudas, habrá que buscar respuesta.

¿SÓLO CON LA BOCA?

Hasta ahora, con los experimentos que llevamos, hemos descubierto que gracias al gusto que tenemos situado en nuestra lengua, somos capaces de descubrir lo que comemos. Pero, ¿no hay otra manera de hacerlo? ¿no podemos descubrir los alimentos a través de otra parte de nuestro cuerpo?
·      -Daniel: con el cerebro, porque piensa.
·          - Francisco: con el corazón, que lo tenemos aquí.
Aclarada la función de ambos órganos, seguimos pensando; ¿qué pasa cuando llegamos a casa después del cole y abrimos la puerta de la cocina? Somos capaces de saber lo que vamos a comer mucho antes de verlo o de probarlo. En efecto, llegamos a la conclusión de que con la nariz también reconocemos alimentos. Para darnos cuenta de aquello, hicimos un taller de olfato en el que teníamos que descubrir qué alimentos estaban en la mesa sin probarlos.





Nos es fácil reconocer los alimentos por el olfato, ya que éste nos permite reconocer olores cuando cogemos a través de nuestra nariz una buena cantidad de moléculas olorosas de las que desprende el alimento. 
Uno de los alimentos que más fácil se reconoce por el olfato es la naranja, lo comprobamos.
Sin embargo, olimos otra naranja, esta vez congelada, y comparamos los olores.
La naranja congelada casi no olía; lo comprobamos sentados en los grupos, comparando una naranja a temperatura ambiente con una congelada.


La explicación científica nos dice que en ambas naranjas hay moléculas, pero en la naranja a temperatura ambiente, éstas se mueven muy rápido, escapándose alguna al aire y pudiendo ser olidas. Sin embargo, en la naranja congelada, las moléculas se mueven muy lentamente y ninguna se escapa al aire, por lo que casi no podemos olerla.
Mirad cómo nuestros niños y niñas imitan el movimiento de las moléculas.






CUESTIÓN DE PESO.

Seguimos con la lectura de nuestro nuevo cuento de "Las aventuras de los muñecos Ana y Andrés" y en el día anterior, dejamos a nuestros muñecos pensando cómo seguir al hombre que había robado a la muñeca francesa. Cual fue su sorpresa, cuando en ese instante apareció frente a ellos un hada que les llevó a casa de la abuela araña, que les ayudaría tejiendo un globo con el que pudieran salir volando y perseguir así a aquel hombre. Antes de seguir, nos dimos cuenta de que no teníamos muy claro por qué aquella araña sería abuela, así que reflexionamos sobre ello:


·         Daniel: porque es fea y negra.
·         Gonzalo: será como la araña que hay en esa foto de ahí (teníamos la foto de una araña por una actividad de la mariquita Juanita)
·         María: vieja, porque las abuelas son viejas.
·         Laura: y guapa, mi abuela es guapa.
·         Amalia: llevará un bastón.
·         Jorge: o una muleta.
·         Francisco: vivirá en una tela de araña, porque es una araña.
·         Jorge: y tendrá gafas.
·         María: y también hijos.
·         Mª José: y un novio.
·         Jorge: y una tele en su casa.
·         María: y un mando.
·         Laura: y un vestido bonito.
·         Jorge: sólo uno.
·         Laura: no, mi abuela tiene muchos.
Seguimos leyendo y pudimos ver cómo era aquella abuela araña; al saber ya cómo era, decidimos ponerle un nombre; primero, cada uno dijo que quería llamarla como su abuelita, pero pensamos en un nombre más original:  Manolita.
Siguiendo con la lectura, los muñecos se agarraron al globo tejido por la abuela araña y salieron volando, como si flotaran en el aire, hasta que su viaje terminó y cayeron al lado de un árbol. Entonces, escucharon un ruido "¡ja!". ¿Qué sería aquello?
·         Laura: una bruja, porque siempre dan voces.
·         Jorge: un hada mala porque le gusta gritar.
·         María: un hombre, que quiere asustarlos.
·         Gonzalo: un pirata, porque tiene esa voz.
·         Amalia: una abuela araña porque también tiene esa voz.
·         Raúl: un monstruo porque quiere comérselos.
·         Daniel: un árbol, que puede hablar porque tiene la cara completa.
Leyendo descubrimos que se trataba de un camello de trapo que se sentó junto a ellos.
Ahora tocaba centrarse en la idea de que los muñecos consiguieron salir volando con un globo. Todos soñábamos con que eso pudiese hacerse realidad, y todos pudiésemos salir volando. Nos fuimos a la clase de la seño Carmen, y allí, con sus niños y niñas, descubrimos un globo parecido a aquel del cuento, con un cordel al que podríamos atarnos para volar. Primero, se ató la seño Carmen, pero pesaba demasiado, así que se ató la seño Leo. Seguía siendo pesada, así que atamos a Manuel, hermano de Natalia, que tampoco salió volando. Fuimos a la clase de 3 años y elegimos una niña pequeña para atarla, Ruth, que tampoco voló. Comenzó entonces un aluvión de ideas y propuestas que fuimos probando, siempre buscando algo que pesase poco y que al atarlo al globo saliese volando. Por fin, lo conseguimos; uno de los números de madera que tiene la seño Carmen en su asamblea pesaba tan poco que salió volando, igual que los muñecos Ana y Andrés.



    
CUESTIÓN DE PESO. on PhotoPeach

Al día siguiente, en nuestra clase, fuimos probando con otros objetos para ver si pesaban tan poco que volaban con aquel globo. Y nos hizo tanta ilusión que aquello sucediese, que decidimos inflar otro globo para hacer lo mismo. Cogimos uno que teníamos en clase de algún cumpleaños, lo inflamos con la boca y le pusimos un cordel. Le atamos algo que pesaba muy poco, un cachito de papel; pero aquello no volaba, ni siquiera el globo solo volaba. Se caía al suelo y de ahí no se movía; ¿qué está pasando? Un globo que siempre tiende a subir y otro que tiende a bajar. ¿Podéis ayudarnos?