jueves, 8 de diciembre de 2011

PREPARANDO NUESTRA EXCURSIÓN (segunda parte)


Leímos entre todos aquellos datos, y Javier, de repente, dijo: "ahí pone kilómetros". 
Le preguntamos qué significaba aquella palabra, y él nos dijo que era cuando un coche iba muy rápido o muy despacito. Entonces, la seño se convirtió en coche; dibujó en el suelo de la asamblea una rayita a modo de salida y fue caminando despacito, hasta que se paró y dibujó otra rayita de llegada. El camino que había recorrido era pequeño, Javier decía que había ido despacito, era un caminito de pocos kilómetros.
Después, la seño hizo lo mismo, pero corriendo mucho; la rayita de salida estaba en el mismo lugar que antes, pero la de llegada, estaba mucho más lejos. El recorrido había sido más largo, había más kilómetros.
Entonces, ¿para qué servían los kilómetros? Raúl dio con la respuesta: "para medir". Exacto; los kilómetros me dicen cuánto mide el camino. Nosotros ya sabíamos cuánto medía el camino desde Brenes hasta Alcolea, lo vimos en Internet: 26,3 km (leído por los niños y niñas: 26 rayita 3 kilómetros). Esa medida ¿era poco, era mucho? Lo veríamos el día de la excursión.
¿Y la otra cantidad? 33 min. ¿Qué significaba? La seño nos explicó que aquella palabra que tenía un puntito era una palabra inacabada, que no habían terminado de escribir, por eso tenía aquel puntito. Entonces, pensamos en palabras que empezasen por MI, pero no caíamos. La seño nos ayudó y nos dijo que aquellas letras significaban "minutos". Pero, ¿qué era un minuto? María nos dio una pista: "eso es cuando esperas a que llegue el autobús. A veces, esperas mucho rato; otras esperas poco rato." ¡Eureka! Los minutos expresan ratos. Pero, ¿cómo se miden los ratitos? Propusimos el metro, e intentamos medir el rato que tardaban algunos niños en hacer tareas, como ponerse la chaqueta, coger la botella de agua de la mochila o sonarse los mocos.


Pero el metro no servía, así que seguimos pensando. Laura nos dijo que había que contar y ella misma comenzó a hacerlo, desde el 1 hacia delante. Contamos cuánto rato tardó Amalia en ir y volver del baño.
Tardó 54, pero, ¿54 qué? 
Teníamos claro entonces que para medir si un ratito era largo o corto, necesitábamos números; pero la seño, que a veces se despista un poco, se puso a contar cuánto rato tardaba en ir desde la asamblea hasta la pizarra, y contó muy muy lento. "Así no", decían los niños.
Entonces, volvió a hacer lo mismo pero ahora contó muy muy rápido. "Así tampoco", volvían a repetir.
¿Cómo había que contar entonces? "Normal" contestaban ellos y ellas.
Por suerte, la seño nos contó que hay un aparato que sirve para medir ratitos y que no va ni muy rápido ni muy lento. Nos costó, pero al final, caímos en el que era el reloj. Fuimos viendo cómo el reloj sigue funcionando aunque no lo miremos.
¿Entonces? La cantidad de 33 minutos era el rato que tardaríamos en ir desde Brenes hasta Alcolea. Pero, ¿eso era un ratito corto o un ratito largo? Decidimos medirlo con el reloj. Tras el patio, nos fijamos en el reloj y éste comenzó a contar 33 minutos; la seño puso la alarma del móvil para que no nos despistásemos. Mientras el reloj contaba, nosotros estuvimos yendo al cuarto de baño por grupos, Jorge nos hizo cosquillas con la pluma, estuvimos recordando lo leído en la sesión anterior del cuento de Ana y Andrés, terminamos de solucionar el problema de los dientes de la boca de dragón y comenzamos a leer un nuevo capítulo del cuento. Cuando estábamos empezando a hacerlo, sonó la alarma. Ahora ya sabíamos cuánto duraban 33 minutos: un ratito tan grande como para hacer todas esas tareas que nos había dado tiempo a hacer.
Decidimos plasmarlo en papel, para que no se nos olvidase.


Ya teníamos casi lista nuestra excursión, pero algo importante fue ver cuántos asientos íbamos a necesitar en el autobús para que nadie se quedase en tierra. La seño tenía una lista con los asientos que necesitaría cada familia, faltando sólo los niños que se irían en coche o los que no vendrían a la excursión; los fue apuntando en la pizarra. Ahora teníamos que "juntar" todos los asientos de todos los niños para ver cuántos necesitaríamos en total. Para ello, hicimos un dibujo de un autobús y fuimos dibujando los asientos necesarios para cada familia.


Una vez que ya estaban todos los asientos dibujados, era el momento de hacer el recuento, con cuidado de no equivocarnos. Hubo que hacerlo varias veces, pues a cada uno nos salía un resultado diferente.

Al final, lo conseguíamos, teníamos el resultado: necesitaríamos 55 plazas.
Y como el autobús no era nuestro, para poder utilizarlo habría que pagarle un dinero al conductor. Nuestras familias ya habían traído a clase su parte del dinero, y para que no se nos perdiese, decidimos contarlo y anotarlo. Para ello, clasificamos el dinero en billetes y monedas, y agrupamos los que eran iguales.


Ahora sí, todo estaba preparado; ya sólo quedaba esperar que llegase el día de la excursión.

PREPARANDO NUESTRA EXCURSIÓN (primera parte)

Este año somos niños y niñas mayores a los que nos gusta hacer las cosas por nosotros mismos; por eso,  organizamos la excursión a Alcolea del Río. Lo primero que hicimos fue analizar el cartel de la feria, diferenciando entre el título de la feria (Mercado Medieval), el lugar (Alcolea del Río) y la fecha (2, 3, 4 de Diciembre). Al leer el programa, nos dimos cuenta de que el mejor día para ir, era el sábado día 3, así que lo apuntamos en nuestro calendario.
Contamos los días que faltaban y fuimos contando los días que faltaban para que llegue la excursión. Para tenerlo presente, creamos un cartel donde diariamente, apuntamos los días que faltaban, ¡qué ganitas!

No queríamos que el conductor del autobús se perdiese, así que decidimos hacerle un mapa con el camino desde Brenes hasta Alcolea. Para ello, echamos mano de una página que conocemos ya, el Google maps, una página de Internet donde buscar mapas y encontrar todos los lugares, hasta los más pequeñitos. Buscamos primero Brenes y vimos cómo el pueblo se veía desde arriba; si acercábamos la imagen, se veía hasta el techo del colegio, la piscina municipal, las pistas, las plazas,... 

Después, buscamos Alcolea y volvimos a acercar la imagen para ver el pueblo. Alejamos la imagen para ver la distancia entre los dos pueblos; vimos qué carretera podríamos coger en nuestro viaje.
Algo nos llamó la atención; creíamos que era una carretera con muchas curvas, pero al acercar la imagen nos dimos cuenta de que no. Era un río, un río muy largo que pasaba cerquita de Brenes y que veríamos en nuestro viaje hasta Alcolea porque también pasaba cerquita de este pueblo. De hecho, seguimos el río y vimos que terminaba uniéndose al mar en un pueblo llamado Sanlúcar de Barrameda. Era el río Guadalquivir, que recorre gran parte de Andalucía; por eso Alcolea tiene un apellido, "del río".
A continuación, pusimos el lugar de partida de nuestro viaje y el lugar de llegada, y pudimos ver el trayecto que nos proponía la página desde uno hasta otro; en el mapa, parecía cortito.
Pero no iba a ser tan fácil; acercamos la imagen para estar justo encima de la carretera y fuimos viendo todo el recorrido con detenimiento, fijándonos en los detalles para no perdernos, en los cambios de carretera, en el río, que tanto nos llamó la atención.
En gran grupo, decidimos los detalles más importantes para nuestro viaje y después, en pequeño grupo, comenzamos a confeccionar nuestro mapa, con esos mismos detalles.


Terminado nuestro mapa, han surgido más dudas, ya que es tan largo el camino, que hemos necesitado varios folios; ¿y cómo los unimos ahora?  Atentos a todo lo que conseguimos juntos:
-¿Cómo unir el folio 1 con el folio 2? Primero, los pusimos un folio junto al otro; el autobús iba a tener que dar un salto porque no coincidían las dos carreteras. Probamos varias alternativas; al final Gonzalo, pensó en mover uno de los folios hasta que coincidiesen los dos dibujos.
-¿Cómo pegamos ambos folios?: pensamos en pegamento, pero hubo que probar varias veces, hasta que a Natalia se le ocurrió superponer uno sobre otro y echar pegamento en el de abajo.
Lo descubierto con las dos primeras hojas del mapa, nos sirvió como experiencia para el trabajo que nos quedaba. 
-¿Cómo unir el folio 3? Francisco buscó la unión de las carreteras de los folios 2 y 3 y Mª José supo dónde echar el pegamento.

-¿Cómo unir el folio 4?: Daniel supo cómo unirlo con el folio 3 para que coincidiesen el río y la carretera, y supo también cómo pegarlos.

Ya teníamos el mapa montado, un texto construido entre todos; pero ahora, había que añadirle datos. Ahora que teníamos ya el mapa completo, ¿el camino desde Brenes hasta Alcolea es largo o corto? Laura dijo que había que medirlo y propuso usar un metro, suerte que eso ya lo hizo una vez alguien que se encargó de meter el resultado en Internet. Con el ordenador abierto por la página donde estaba el camino desde Brenes hasta Alcolea, la seño nos dijo dónde ponía cuánto medía el camino. Las letras y los números eran demasiado pequeños, así que pensamos que Mª José los mirase y se los dictase a Gonzalo, que los copió en la pizarra en grande para que todos los viésemos.

LA ZANAHORIA CAMBIANTE.

Con sólo disponer del título del experimento de la semana pasada, tuvimos que comenzar a crearnos una idea sobre su contenido. Era fácil saber que utilizaríamos una zanahoria y que ésta cambiaría en algo, pero, ¿en qué? La seño nos dio más información: la zanahoria iba a cambiar de tamaño. Íbamos a intentar que una zanahoria se hinchase, mientras que otra disminuiría de tamaño. Los niños dieron ideas y conforme lo hicieron, fueron comprobándolas.
·    Laura: la pinchamos.
·         Mª José: le hacemos un agujero pequeño con una aguja.
·         Laura: usamos un inflaglobos.

·         Jorge: metemos la zanahoria en un globo e inflamos el globo.
·         Laura: metemos la puntita en agua.
·         Mª José: usamos el globo de Helio.
·         Laura: metemos un palo por medio de la zanahoria y soplamos para inflarla.

·         Daniel: el palo no tiene agujero para soplar.
·         Pepa: usamos una cañita.

Viendo que no surtía efecto nuestro plan, empezamos a reflexionar sobre qué tenían los alimentos por dentro; Jorge recordó que tienen agua, así que la mejor manera de inflar y desinflar los alimentos sería con agua. Presentamos 3 zanahorias de tamaño más o menos igual y 3 botes vacíos. En el primer bote, metimos una zanahoria y la dejamos sin hacerle nada. En el segundo, metimos otra zanahoria y llenamos el bote de agua. Y en el tercero, metimos la zanahoria con mucha sal y un poco de agua. Hicimos nuestras hipótesis sobre qué zanahoria creíamos que crecería y cuál disminuiría. 





Cuando al día siguiente vimos lo ocurrido, descubrimos que la zanahoria número 1 no había cambiado nada; la número 2 estaba algo más hinchada, pues el agua del recipiente había conseguido traspasar las membranas de la zanahoria. La número 3 sin embargo, había disminuido en tamaño y su aspecto había empeorado, pues el agua con sal había hecho que la zanahoria perdiese parte de su agua. Este doble proceso se llama ósmosis y se desarrolla en un sentido u otro dependiendo de la densidad del agua. Ocurre igual cuando metemos un puñado de garbanzos en agua; vemos que éstos se hinchan, pues el agua ha traspasado las membranas de los garbanzos. O con un jamón, que se conserva en sal y que pasado un tiempo, vemos cómo disminuye su tamaño, pues la sal consigue eliminar parte de su agua.


lunes, 5 de diciembre de 2011

ESCRITURA EN LA EDAD MEDIA.

¿Sabéis que en la Edad Media no había papel como el de ahora, ni tampoco bolígrafos, ni lápices?; ni siquiera todos sabían escribir. Intentando resolver nuestras dudas, en estos días hemos estado convirtiendo el papel en pergamino utilizando café, y le hemos sacado la tinta a un calamar para poder mojar nuestra pluma y escribir un mensaje entre todos.
Estábamos equivocados, y es que no eran los halcones los encargados de enviar mensajes; su función era la de cazar. Para enviarse mensajes de unos castillos a otros usaban palomas mensajeras y soldados a caballo, que raudos y veloces iban de castillo en castillo. Una vez que nuestro mensaje estaba terminado, elegimos a Raúl como mensajero. Mirad cómo se dispone a recorrer un gran trecho a caballo para que nuestro mensaje llegue a su destino.







CÓMO SER UN BUEN CABALLERO.

Javier y Manuel Jesús nos han contado en estos días qué había que hacer para ser caballero; con sus trabajos, nos contaron que primero, había que ser escudero e irse con un señor a vivir a su castillo y aprender a cuidar a los animales, a preparar las armas y el armadura de un caballero y a luchar con diferentes armas. Una vez que se aprendía y ya se estaba preparado, se celebraba una ceremonia en la que el rey o señor nombraba al nuevo caballero usando una espada que apoyaba en cada uno de los hombros del futuro caballero mientras éste permanecía de rodillas. Imitamos esta ceremonia, inventándonos posibles nombres para nuestros caballeros.


FIESTAS MEDIEVALES.

Seguimos presentando trabajos acerca de nuestras dudas sobre la Edad Media; esta vez, les tocó a Laura y Raúl, que nos tenían que explicar qué fiestas se celebraban en esta época. Laura nos contó que los campesinos solían hacer fiestas cuando las cosechas eran abundantes, y que además, se solían celebrar bodas, bautizos y entierros. La Iglesia era muy importante y ya entonces, se celebraba la Navidad o la Semana Santa. No tenían ni cds ni radios, así que tenían músicos que tocaban diferentes instrumentos como la flauta para amenizar las fiestas.
Raúl nos habló de las bodas, pudiendo ver cómo los caballeros se vestían con la armadura y las princesas se ponían hermosos vestidos. También nos habló de los bailes y fue tanto el interés que teníamos que decidimos imitar a los antiguos convirtiendo nuestra clase en un salón del castillo y utilizando la tecnología propia de nuestros días para escuchar la música que Marisa, la madre de Patricia, nos dejó.



ATRAPADOS.

Nuestros amigos Ana y Andrés siguen su aventura para encontrar a la muñeca francesa, y en cada sesión de lectura, vamos descubriendo sus hazañas. En esta ocasión, la lectura nos ayuda a aclararnos; las bocas de dragón en las que la niña estaba atrapada no eran más que unas flores que se enredaban en sus pies y no le dejaban huir. Ana y Andrés en su intento de ayudarla, se habían puesto a su lado, con tan mala suerte de que las flores también se les habían enredado. La niña les contó que llevaba allí mucho tiempo, tanto que seguro se había perdido muchos momentos.
Basándonos en lo que habíamos leído, decidimos salir al patio y allí, nos organizamos por grupos, de manera que unos niños estaban atrapados por las bocas de dragón (neumáticos del patio), otros eran los vigilantes que debían velar porque no se escapasen, y otros eran los amigos, que intentarían salvar a los atrapados. Cada niño asumió su papel y cada grupo tuvo que idear su plan para intentar conseguir su propósito. Lo pasamos genial, cada grupo tuvo que ponerse de acuerdo sobre cómo actuar, y descubrimos que lo importante fue lo bien que lo pasamos, dio igual el grupo que ganase.